El hombre con sombrero y la mujer espiral existen, y a veces, sólo con eso, ya es suficiente para que uno se sienta parte de algo otra vez y ,aunque sólo sea por un instante, encuentre el impulso para avanzar y un motivo de peso para sonreír.
jueves, 6 de mayo de 2010
Contradicciones

Ódiame un poquito menos y yo jugaré a quererte un poco más. Aunque también cabe la opción de que al empezar a quererme yo vuelva a odiarte y todo de comienzo una vez más. Que ya sabes que a mi siempre me encantaron las contradicciones y como canta Despistaos mientras tú me recuerdas yo trataré de olvidarte.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Ella y el tabaco de Melissa
El día que conoció a Melissa ésta le pidió como favor personal que le guardase un cigarrillo de black devil de cereza en la funda de las gafas (que rara vez se ponía aunque las necesitaba para ver bien). Bastantes meses después Ella tuvo que usar las gafas para ponerse a estudiar, se encontró el cigarro de Melissa y se lo devolvió. Desde entonces la funda y las propias gafas no han dejado de oler a la cereza de aquel tabaco, lo cual tiene gracia porque Mel nunca volvió a fumar black devil de cereza ya que se pasó al de chocolate. Sin embargo, aún hoy, años después, ese tabaco le sigue recordando a Melissa, le sigue oliendo a primera vez. (=
Conducir

- ¿Qué tal la primera clase en tu amado Audi?
- Estresante, desesperante, agobiante... Hoy admiro, que digo admiro, venero, a todo aquel que conduce decentemente.
- jajajaja, venga ya ¡Tampoco es para tanto!
- Intermitente, embrague primera, embrague, frena, ¡no sueltes el dichoso embrague!... ¡Pero quién coño inventó el puñetero embrague de los huevos y los intermitentes a los lados! Con lo fácil que sería acelerador y freno...
- Vamos que tú lo de coger el coche lo vas a llevar mal
- ¿Pero qué dices loca? ¡Es genial, electrizante, y además libera adrenalina! ¡Estoy deseando cogerle el tranquillo!
- Desde luego... A ti no hay quién te entienda...¡Que tiemble Madrid!
martes, 4 de mayo de 2010
No concebía una manera mejor de comenzar el día
A Melissa le gustaba tanto sonreír que, a veces, sin motivo ninguno se calzaba su nariz de payasa, real o imaginaria, y le daba al mundo un motivo para reírse a carcajada limpia. Hoy, como tantos otros días, había llegado de madrugada y no había conseguido conciliar el sueño, así que, en cuanto fue de día, salió con el pelo aún mojado de la ducha para darle una sorpresa a su compañera de piso que, en su opinión, últimamente andaba muy mustia, y una vez preparado todo se fue a dormir, consiguiendo, esta vez, conciliar el sueño.
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Ella se levantó algo más tarde de lo habitual. ¡Las 10 de la mañana!, bueno... tampoco era tan grave. Seguro que Melissa seguía durmiendo. Habría llegado al amanecer, como de costumbre, y esta noche tendría otra historia de amantes fogosos que contarle (si es que no se volvía a ir... que con ella, nunca se sabía). Salió al pasillo y, cual fue su sorpresa al encontrar un pos-it que rezaba «Sígueme» y en él había una flecha. ¡Ea!- Se dijo- habrá que seguirlo.
El primero de los pos-it llevaba al baño, en él había ¡una rosa blanca! sus preferidas y otro pos-it que ponía «¡si quieres quedártela quítate una prenda» ¡maldita sea! Melissa la conocía bien, sabía que se quitaría lo que fuera por esa rosa. Así que se quitó la sudadera y al dejarla encontró otro pos-it que decía «A la cocina»...¿Todavía hay más?- pensó. Pero ya, no pudo evitarlo, había entrado en el juego de Melissa y le picaba la curiosidad. Al llegar a la cocina encontró un café del Starbucks (aún caliente) y otro pos-it diciendo que se quitara otra prenda y fuese al salón. En la salita de estar le esperaba una nariz de payaso y un "venga mujer, decide ¡sujetador o culot! ¡sé que ya te pica la curiosidad! ¿no quieres saber qué hay al final?". Mierda- se dijo para si misma- Melissa estaba loca, pero llevaba razón... iba a acabar medio en bolas para poder entender qué habría al final. Suerte que no tenían más compañeros de piso- pensó justo antes de quitarse el sujetador y tarparse con los brazos como bien pudo. No sabía cómo lo había pasado por alto, pero al dejar el sujetador encontró el posit que decía "Sigueme, es la últma prueba" y una flecha que salía directamente a la terraza. ¿¡A la terraza!? ¿¡En culot!? ¡Melissa estaba loca! pero su curiosidad era más grande que su pudor, así que tapándose como pudo, abrió las puertas de la terraza y salió a la misma. Las 11 de la mañana, Madrid. Un segundo piso. Un par de chicos mirándola y babeando. Un par de mujeres escandalizadas. Y en la terraza en la esquina que no se veía desde el salón, un ramo de flores, y un paquete envuelto con una carta encima... ¡Maldita sea y ahora como coño lo cogía sin que la viesen desde fuera! ¡Bien podía merecer la pena!- reflexionó, recreando la charla que le daría si no a Melissa (aunque bueno, más tonta había sido Ella siguiendole el juego). Encontró la manera de ponerse de espaldas a la calle y tapar su perfil entre el ramo de flores y la pared de tal manera que podía utilizar sus manos. dejo la carta para lo último (porque además ponía) "Leeme al final" y abrió el paquete. Eran los Cascos de 145 € que llevaba persiguiendo meses pero que aún no se había podido permitir. Estaba eufórica, tanto que incluso se le había olvidado que llevaba puesta una nariz de payaso y andaba en la terraza sin sujetador, abrió la carta y encontró una foto de Melissa partiéndose de risa sujetando un cartel que decía "Nunca estás desnuda con una sonrisa...¡Que no se te olvide sonreír!" Ella se carcajeo (tan fuerte que despertó a Mel que se quedó esperando en su habitación sabiendo cual era el resultado de su jugada). En menos de lo que canta un gallo Ella apareció semidesnuda en la habitación de Melissa, con los auriculares puestos, la nariz de payaso puesta, el ramo de flores en la mano y una sonrisa de oreja a oreja y la abrazó. ¡Melissa no concebía una manera mejor de comenzar el día!
lunes, 3 de mayo de 2010
¿cambiaría algo?
- Y tú Mel ¿Cambiarías algo de tu vida?
Que si cambiaría algo de su vida...¡Claro que lo cambiaría!, ¡Cambiaría tantas cosas!, para empezar dejaría de fumar, odiaba el olor del tabaco, sin embargo, no sabía despegarse de él, era tan relajante, cambiaría los colores de su habitación y, de paso, de su vida. Puestos a cambiar cosas también podía cambiar su manera de desafinar en la ducha, y esa estúpida costumbre de quedarse embobada ante las luces de colores (sin ni siquiera poder evitarlo), cambiaría las noches de insomnio por noches de compañía, y ese desorden suyo por esa forma de ser metódica que tenía Ella. Ya que se ponía podría bajar algunos kilos, y que sus ojos fueran más grandes. Pero... todo aquello no era nada, porque sabía que podía vivir tranquila y orgullosa sin cambiarlo. Sin embargo, había un cambio, un sólo y único cambio que llevaría a cabo sin dudarlo...Tenía que haberle dicho en su momento que le amaba, que aquella fachada de chica dura sólo era eso, fachada, que las noches en la parte trasera de su coche eran algo más que sexo por que sí, y que dormir abrazada a él la devolvía a la vida. Cambiaría todas las noches de fiesta por una noche en sus labios, y todo el oro del mundo e incluso sus amadas New Rock por seguir siendo la niña de sus ojos, ya no recordaba cuando tiempo llevaba amándole pero, sin duda, mucho más del que ella se atrevía a recordar... tenía que haberle dicho que le amaba en su momento. En aquel primer instante en que se dio cuenta de lo que él despertaba en su interior...
- ¡Mel! ¡Te he hecho una pregunta!
-¿eh? - Respondió saliendo de su ensimismamiento
- ¿Qué si cambiarías algo de tu vida? - Dijo Ella espectante
Melissa se lo pensó durante unos segundos. Ya no podía hacer nada al respecto. Las cosas habían seguido su rumbo y ya no habría más días de pasión, de amor o de magia...
- ¡No!
- ¿No?
- ¡Claro que no! ¡Si cambiase algo dejaría de ser tan encantadoramente rara! - Dijo mientras sonreía despreocupada finjiendo como nunca. Ojalá Ella no se diera cuenta... Ojalá...
- Desde luego Mel ¡Tú no tienes abuela! ¡Ni remedio!
Y ambas comenzaron a reir...
domingo, 2 de mayo de 2010
No me hacen falta motivos...
Sí. Yo también me sé la frase de "mi madre es la mejor del mundo" y sé que queda bonita acompañada de su foto y puesta en el fotolog. Pero no. Yo no pondré su foto ni esa frase porque no quiero que quede bonito, quiero que quede cierto. Que mi madre es real, y nunca usó conmigo frases de escaparate.
Por eso yo no os diré eso de que nunca he sabido valorarla, y eso otro de que es la mejor mujer del planeta. No. Yo os diré que es la mejor madre que yo podría tener, porque es la mía y gracias a ella estoy aquí, y también que se que no es perfecta.
Os diré aquello de que consigue sacarme de quicio y erizarme el pelo al pronunciar mi nombre completo porque sé que cuando lo hace va seguido de bronca, que grita demasiado y que, a menudo, es algo perezosa, y además es la única que sabe cuando ha de comprar un litro de helado y sentarse conmigo ,sin preguntar que me ocurre, a ver una peli en el sofá porque sabe que estoy triste, y que conoce el momento justo en el que darme un abrazo y decirme lo mucho que me quiere. Que es la única que ha visto mis malos despertares y nunca se ha asustado, que siempre tiene solución para todo y ha reído escuchando una y otra vez los mismos chistes. Y, también, que entiendo que se haga de querer, y no sólo por sus paellas de los domingos, si no por su personalidad extrovertida y alegre.
Que sí, que yo también sé eso de que sus miradas hacen parecer que el cielo azul claro de un día de verano se ha volcado en sus ojos. Y que bueno, defectos tenemos todos pero ella siempre está ahí para aguantarlos, criticarlos o hacerlos especiales.
Que todos tenemos madre, vaya. Pero a mí no me hacía falta que hoy fuera su día para colarme a hurtadillas en su cama (cuando mi padre ya no está) y quedarme dormida acurrucada a su lado para que, al despertarse, se ría y diga aquello de «siempre serás mi enana aunque seas grande»
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