domingo, 30 de mayo de 2010

Melissa y el sujetador


Mel (al teléfono) : Oye Ella... Sé que es una pregunta un tanto extraña pero... ¿No habrás visto mi sujetador?

Ella: jajajajaja ¿Tu sujetador? Sí. La última vez que lo vi anoche colgaba de un árbol

Mel: O.O vale... si mi pregunta era extraña tu respuesta ha sido aún más rara

Aitor (mirando a Melissa con ojos atónitos ante el último comentario que había hecho por teléfono): ¿Bueno qué? ¿Ella sabe donde está el sujetador?

Mel: Dice que la última vez que lo vio anoche andaba colgado en un árbol de tu jardín.

Aitor: ¿Y cómo cojones ha acabado ahí?

Mel: Esa sí que es una buena pregunta.



viernes, 28 de mayo de 2010

Ella y su manera de despedirse

Ella se despedía siempre con un «be happy y feliz año» (en su defecto, se feliz feliz año) ya que ¿por qué se felicitaba el año sólo al principio o al final del mismo? ¿Es que acaso el resto del tiempo no podía deseársele a alguien que sus 365 días fueran felices?o ¿ es que aquella frase para el resto del mundo no significaba nada? Puede que sólo fuera afán de contradicción o tal vez era su manera de reivindicar el valor de las palabras, pero el caso es que casi siempre se despedía con un «to be happy feliz año» que arrancaba la sonrisa de alguien o una extraña mirada de confusión.

Ada y los ruidos.

Cuando a Ada le salía algo bien siempre hacía un ruido similar al que provocan las pelotas de tenis al impactar contra el suelo. Aquel día su casa sJustificar a ambos ladosonaba como un partido de Nadal.

Melissa y la copado


Melissa sonrío al espejo mientras terminaba de retocarse el Rimel y oxigenaba su larga melena castaña al son del «Que mueran» de la Copado. Como siempre su falda era corta, sus botas altas y de taco-taconazos (como llamaban a los zapatos que tenían un tacón de más de 10 cm) sin embargo, lo que más destacaba no eran ni su figura estilizada ni su ropa estratégicamente elegida para acentuar sus femeninas curvas. Lo que más llamaba la atención era aquella sonrisa de oreja a oreja. Esa noche iba a ver a Crixtina Copado tocar, lucirse ante su , cada vez más amplio, público; compartiría alcohol con grandes amigos, reiría hasta el amanecer y su única preocupación sería, como siempre que estaba tranquila, comerse el mundo en grata compañía. Hoy no importaban sus fantasmas ni sus recuerdos de noches de pasión y dulces abrazos. De nada le serviría a sus miedos hacer acto de presencia o a sus dolores tratar de martillearle el corazón. Porque esta noche Mel les daría portazo, sólo cabría en ella la paz y la tranquilidad de quién se siente en casa, de quién se halla protegido, del que se vuelve fuerte.

foto: Crixtina Copado

jueves, 27 de mayo de 2010

Posit de nevera

Sé que llego tarde, que mi reloj se paró hace tiempo,
pero no sé como volverle a dar cuerda, no sé si esta roto,
o si me he roto yo, por favor, seas quien seas, desconocido, desconocida,
si encuentras la cuerda de mi reloj, te lo agradeceré eternamente.
Recuerda comprar galletas.

Ayre.

viernes, 21 de mayo de 2010

El primer viernes noche

Melissa, Ada y Ella habían decidido no salir de fiesta para poder ayudar a Ada a colocar todo lo que había en sus cajas. Que, aunque, en realidad, parecía más de lo que era, había llevado toda la tarde y parte de la noche. Cuando por fin quedó todo en su sitio, las tres asintieron por el trabajo bien hecho y destaparon una de las botellas de sidrina (sidra casera asturiana) que Ada llevaba en una de las cajas, para celebrarlo, escanciaron en una copa de coñac y se sentaron en el sofá. Elly no tardó en irse a dormir, Mel, sin embargo, era un ser nocturno así que aún le quedaba día por delante.

- Mel... ¿puedo hacerte una pregunta?- dijo Ada con aire preocupado
- ¿eh?, ¡ah!, si, ¡claro cielete! - afirmó mientras bajaba el volumen de la tv para enterarse bien de lo que Ada dijera
- ¿He hecho algo malo para poner a Ella triste?- dijo soltando las palabras como si fueran losas pesadas que le oprimían el pecho

Melisa sonrío amargamente.

- Veras Ada, Elly es una mujer muy reservada, pero no tiene nada contra ti ni le has hecho nada malo. Lo que ocurre es que, verás, hace cuatro o cinco meses tú habitación perteneció a otra persona, alguien a quien Elly amó con todas sus fuerzas y con quien las cosas, por diversos motivos, no salieron bien. Desde que él se fue, Ella no ha vuelto a entrar en el cuarto hasta hoy para ayudarnos a recoger tus cajas, por eso estaba tan ausente. No se lo tomes en cuenta, es una gran mujer y además ¡muy divertida cuando se suelta!
- ¡oh vaya!, ¡Lo siento mucho! yo... si lo llego a saber.... lo siento mucho
- ¡Ei pequeña! ¡ No digas tonterías! Aunque no te lo creas llenar la habitación con tus cosas ha sido como una terapia para las dos. ¡Al fin se han ido los fantasmas de esta casa que ya era hora!, además, entre nosotras- dijo acercándose a su oido- ¡tú tienes mejor gusto decorando!

Ambas se sonrieron. Pero Ada aún tenía una pregunta más:

- Mely...¡Siento ser pesada! pero... ¿Puedo hacerte otra pregunta?
Melissa la miró desenfadada, aquella muchacha era amor, no había maldad en sus preguntas, ni siquiera cotilleo, lo único que quería era que Elly no estuviese triste, lo cual le recordó mucho a si misma hacía ya varios años cuando conoció a Ella ya que había tenido la misma sensación de culpa y, al mismo tiempo, de necesidad de protegerla.
- ¡Claro señorita Crêpes! ¡Pregunta cuanto quieras! ¡Eres bastante más interesante que la maldita programación de la Tv! ¡Creo que ya sé porque salgo de fiesta todas las noches!
Ada volvió a sonreir y se aventuró a lanzar la pregunta:
- El golpe que hay en la pared cerca de la ventana...¿lo hizo él?
A Melissa se le ensombreció el rostro.
- Sí
- ¿Crees que Ella se molestaría si lo arreglo a mi manera?
- Lo dudo. ¿Tienes pensado algo?
- Lo cierto es que sí.
- Entonces hazlo. Le vendrán bien unos cuantos cambios a esta casa.
- ¡Muchas Gracias Mel! - Dijo Ada con entusiasmo y se levantó y se fue para la habitación casi corriendo
- ¡OYE ADA! - dijo Mel mientras Ada salia del salón
Ada regresó
- ¿si?- preguntó intrigada
- ¿Te puedo hacer un par de preguntas?
- ¡Claro! - Ada tenía en todo momento tanto entusiasmo que parecía que era imposible verla cansada o de mal humor
- Es curioso me has preguntado si el golpe fue resultado de lo que hizo Él pero no has insistido en el tema ¿por qué? y... ¿Cuánto tiempo pretendes quedare en Madrid?
- Pues... En cuanto a lo primero, creo que no soy quién para meterme en vidas ajenas, lo único que necesitaba saber era si podía repararlo a mi manera y ya he obtenido mi respuesta - dijo guiñándole un ojo- En cuanto a lo segundo, quiero empezar a hacer enfermería a partir de septiembre y encontrar trabajo así que , si no os molesta, ¡me gustaría quedarme bastante!

Melissa no cabía en si misma de alegría, aquella mujer no sólo no era cotilla si no que además era respetuosa y pensaba quedarse y parecía positiva y feliz ¡Era lo que necesitaba aquella casa por encima de todas las cosas!
- Pequeña, no sabes lo que me alegra oír eso... ¡no te haces una idea!
- ¡GRACIAS! - Ada se acercó, le dio un par de besos de buenas noches y salió corriendo hacia su habitación, tenía pensada una gran reparación y no dormiría hasta haberla terminado.

Recuerdos

Me pregunto cómo es posible que alguien que ha significado mucho para nosotros en un determinado momento de nuestra vida y con el cual hemos compartido bastantes años que ya no volverán puede desaparecer de ella con la misma facilidad con la que una veleta cambia su orientación de norte a sur. Yo nunca he sabido olvidar de esa manera y, a menudo se me vienen personas a la mente que dudo mucho que, a estas alturas, se acuerden si quiera de que existo, no ya sólo porque sus vidas han continuado por caminos diferentes a los míos (que ello no implica el olvido) si no por su actitud para conmigo o para con el resto de la humanidad. Y en días como hoy, días en los que, sin ningún motivo me acuerdo de alguno de ellos, me da lástima ver algunas fotos y pensar en que no sólo esos días nunca volverán si no que es harto probable que jamás volvamos a recordarlos juntos con una cerveza en la mano, unas olivas como aperitivo y una sonrisa como mutuo intercambio de ese «yo también lo viví» que debería unirnos.

¡Nunca entenderé al mundo!