domingo, 14 de abril de 2013

El Mundo bajo sus pies

Por un instante liberó sus pensamientos, dejó de hacerse preguntas, inspiró profundamente dejando que todo el viento del mundo llenara sus pulmones, bajó la guardia. 

Olía a pino, a tierra mojada y a especias. Era un olor familiar y al mismo tiempo desconocido, tenía toques subjetivos de libertad, paz y tranquilidad. Olía a amistad a ese "algo" que mueve a las personas a conocerse y querer formar parte de la historia de otro, pero también a confianza. Una de esas confianzas ciegas e irracionales que, sin saber por qué, se tienen con un ser que bien podría haber salido sus sueños. 
No hablo de amor, no es eso. El amor, al menos para Melissa, se basaba en conocer bien a la otra persona y amar tanto sus virtudes como sus defectos, lo que sintió fue más una conexión especial, algo que hace que sepas que la otra persona será una pieza clave de tu existencia, hablo de chispa, de... no sé si sabría definirlo, no sé si ella misma hubiera podido hacer algo más que sentirlo. 

Melissa espiró, dejó escapar hasta la última brizna de viento de su interior, observó a su acompañante. "Tiene luz"- confirmó para sus adentros. Abrió los ojos y sonrió. 

- "Es bonito el silencio ¿Verdad?, hay gente que no sabe valorar esos minutos de calma"- Dijo al fin, comenzando una conversación.

Su interlocutor la miró y le devolvió la sonrisa.
No hicieron falta más palabras. Se limitaron a mirar el mundo bajo sus pies.

martes, 19 de marzo de 2013

Querido Mundo:

¿Por qué se empeñan en que recuerde a quien le importo/importé/importaré una mierda?

miércoles, 13 de marzo de 2013

Un final


Contigo me cansé de la coma, de los puntos suspensivos y hasta el punto y seguido por eso puse el final de los finales con un remate redondo de silencio y adiós.

Tu recuerdo es como el de las tormentas de verano y el mío... espero que el mío asemeje a los días soleados de humedad del final de la primavera... a los días de abril y si no es así, lo cierto es que ya no importa. Yo ya no intento descifrar lo que dices con silencios lo que tu palabra no otorga. 

Me limitaré a mirar por la ventana que dejes abierta de tu vida y a sonreír cuando proceda cuando sepa que en tu fosca casa entran algunos rayos de luz. No sabré quién eres ahora, y tú jamás llegarás a conocer quién soy hoy, aunque quizá me veas asomarme desde la otra orilla del lago. 

Somos dos verdaderos extraños que una vez compartieron un alto en el camino. Dos recuerdos difusos sonrientes y casi olvidados, dos arañazos que jamás dejaron cicatriz.

Me encargué de que nuestra historia terminara así, como jamás fue, sencilla y lineal. Sin complicaciones. Agradable y amarga como la taza del café que ya no recuerdo si alguna vez degustamos en alguna terraza de bar. Simplemente un final.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Fotos del pasado


Aún huele la mezcla de tierra mojada y pino de ese día de abril.
Había tormenta, pero la de la calle era la que atronaba con menos fuerza, en su corazón aquel día se libraba una batalla en la que jamás hubo vencedores ni vencidos, sólo una decisión.
Siempre le ha gustado pasear, especialmente cuando necesita despejarse, es difícil, por no decir imposible, la libertad que siente caminando durante horas con la mente en blanco mientras, incosncientenmente sus pensamientos se ordenan. Y ese sábado de abril fue uno de esos días que nunca se olvidan.

Dos tormentas se acercaban hacia ella, que desde niña las ha temido, y en lugar de correr se fue a lo más alto del monte para contemplar los rayos y truenos hasta que, finalmente, decidió correr los cinco kilómetros que le faltaban a casa, eso sí, no sin pararse a hacer fotos, no sabía qué le traería la decisión que, sin saber cómo, acababa de tomar, y tampoco sabía lo importante que iba a ser en su vida, sin embargo, tenía la certeza de que debía guardar un pedazo de aquel instante para que, si no lo perdía, en un futuro, pudiera volver la vista atrás y reflexionar sobre ese día, ahora si, con perspectiva.

Es interesante como pasa el tiempo.
Durante años aquella foto, junto con todas las que hizo ese abril, desaparecieron. Algunas no han sido reencontradas aún, aunque probablemente se hallen en algún baúl con forma de cd, perdido en tarrinas escondidas por su habitación. Sin embargo, no hace mucho, su padre le devolvió esa foto...seguía oliendo a pino y tierra mojada, y seguía transmitiendo libertad y adrenalina.

volvió la vista al 2007, a sus decisiones, a ese día. Hizo un recorrido mental desde aquel momento hasta el 2013 y se sintió orgullosa de quien fue y de la persona en la que se ha convertido. No había sido perfecta, ni le hacía falta serlo, algunos la tacharían de ególatra, pero le daba igual, no se cambiaría por el pellejo de nadie, ni cambiaría ni una sola de las decisiones que había tomado. Pese a que algunas le hubieran hecho daño.

Guardó la foto y sonrió... aquel día no había dos... había hasta 4 tormentas (entre las propias y las de la naturaleza) y después de todas ellas llegó el sol.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Querido hombre con sombrero...

Iba a escribir un sin fin de palabras que te dijeran que últimamente te cuelas en mis sueños, prácticamente no participas en ellos pero eres, como has sido siempre, una figura que me tranquiliza entre tanta pesadilla, un faro que salva al barco de hundirse en la tormenta junto a la costa... no sé, quizá te me recuerdas la fuerza que tengo cual hermano mayor o padre. Que más da, no voy a escribir mil palabras comentando lo importante que eres para mi, eso si no lo sabes al menos lo intuyes. Sólo quería escribirte:

 "Querido hombre con sombrero no olvides recordar lo mucho que te echo de menos"


 y todo lo demás no importa.

SIEMPRE

Sé que nunca sabrás cuanto te echo de menos, como me muero de ganas por tumbarme en tu cama y escuchar aquella historia la de "La lilola" mientras me abrazas y con tus pies calientas los míos siempre fríos cual témpanos de hielo...

Me gusta pensar que, desde alguna parte de mi corazón o mis recuerdos, eres capaz de ver cómo te quiero, como anhelo caminar hasta el que era tu hogar y verte allí con las gafas puestas y una sonrisa de oreja a oreja. Es increíble, pero, incluso ahora, sigues cuidando de mí.

 Hace poco recuperé una estufa de tu casa. ¿Cuántos años tiene? parece que esta nueva, de hecho, ahora mismo siento su calor... no termino de acostumbrarme a la humedad de Murcia y parece que con ella todo es más cálido. Venía con un pequeño bote de menta y alcanfor, supongo que lo utilizarías para respirar mejor, sería bueno para tu asma, imagino... y ya ves, estaba nuevo, atado con una bolsa al cable de la estufa para que no se perdiera. Siempre me he preguntado si no serías ya adivina, hay tantas cosas que dejaste bien o preparadas...me pregunto si imaginarías que tarde o temprano alguien buscaría aquella estufa y le haría falta el mentol... Otra persona lo hubiera dejado guardado en algún cajón o armario, y quizá nunca lo hubiéramos encontrado o no lo hubiésemos asociado a ella...

Febrero es un mes difícil... No sólo porque te fuiste, si no porque todos los años parece que, idiota de mi, sigo esperando llegar a casa subir las escaleras hasta el segundo y encontrarte allí preparando alguno de tus guisos...¡Que bien guisabas! y en realidad ¡Que bien lo hacías todo! fíjate que han pasado ya 16 años y recuerdo miles de sabores, abrazos, besos, caricias, sonrisas, miradas, mi marioneta de perro y cuentos... Muchos cuentos...

En fin, ya estoy llorando cual enana, así que mejor me despido ya, que si es cierto que desde algún lugar puedes vernos no quiero que te entristezcas, sólo quería escribirte para decirte TE QUIERO, no he dejado, ni por un momento, de quererte en 16 años y ten por seguro que no dejaré de hacerlo.

Hasta pronto

jueves, 18 de octubre de 2012

No estaba acostumbrada a aquello

En ocasiones sentía que el mundo se le venía encima, antes escribía, sentía que las cuatro paredes que conformaban su habitación eran poderosas y podían protegerla. Ahora todo había cambiado. De vez en cuando se sentía en el paraíso, eran los días felices que, aunuqe abundaban, no eran todos otras veces, sin embargo, cuando algo se torcía o un día empezaba nublado sentía que no había lugar en esa casa para ella.

Tenía que aprender a buscar su rincón en aquella ciudad, el problema era que no sabía por donde empezar...