miércoles, 7 de abril de 2010

Azar caprichoso


- Me jugué la suerte a cara o cruz
- y ¿qué salió?
- Canto
- ¿Qué diantres significa eso?
- Supongo que...¡Tendré que seguir jugando! (=


martes, 6 de abril de 2010

Las cosas claras

Soy un puto nombre cualquiera rodeado de miles de palabras asesinadas de muerte. ¡Bueno es saberlo ahora! ¡Oído Cocina, las palabras no valen una MIERDA! No te preocupes, obraré en consecuencia...(=

domingo, 4 de abril de 2010

Yo

Lo único cierto es que no escarmiento. Y en el fondo me da igual, al menos sé que seguiré intacta aunque duela.

Ella

Algunas veces desea tener en sus manos la oportunidad y la capacidad para ser invisible.

viernes, 2 de abril de 2010

Pasillo

(Recuperada de borradores)

- ¡Qué pasillo tan grande!
- Llevas viviendo en esa casa todas las vacaciones de tu vida (exceptuando dos o tres años después de la muerte de tu abuela) y de cuando en cuando te da por darte cuenta de eso.
- No es que de cuando en cuando me de cuenta, yo se siempre que el pasillo de esta casa es largo, pero tiene fases
- No creo que tenga fases los pasillos no crecen
- ¡Eso lo dirás tú!, éste sí que crece. Veras, cuando lo recorro para ir a la cocina a comer algo, es largo, cuando estoy recogiendo la mesa y tengo que recorrerlo varias veces del salón a la cocina es MUY largo, cuando voy al baño y llevo prisa es ENORMEMENTE largo pero es que... cada dos o tres días que me toca fregarlo me parece ENORME
- jajajajajaj ¡No tienes remedio!
- Yo no tendré remedio ¬¬, pero ese pasillo crece...

Hoy le echo de menos

Al hombre con sombrero, nunca le he visto con un sombrero. Le llamo así porque bien pudiera llevarlo sin desentonar, como los viejos actores de las películas en blanco y negro. Tiene la mirada perdida, y en alguna ocasión resulta huraño y taciturno. Sé a ciencia cierta que se escapó de mis sueños y por eso le tengo una especial estima y mucha admiración. Sin embargo, apenas lo conozco. Sus miradas le delatan (aunque él nunca entienda por qué lo digo), y parece que los labios le pesan a la hora de sonreír ¡será por eso que su risa vale tanto!

El hombre con sombrero es un amante de la música, y escucha grupos muy raros. Su mente está clasificada y ordenada como en un archivo de biblioteca. Conoce mundo, aunque nunca el suficiente, porque si pudiera estaría en todas partes. Y no aprecia demasiado las descripciones como esta porque le quitan el encanto a la vida.

No sabría explicar muy bien por qué pero hoy le echo de menos. Y es que, en ocasiones, sólo puede salvarme el hombre con sombrero (aunque nunca lo lleve puesto)

jueves, 1 de abril de 2010

No era el fin del mundo, pero daba igual

Sabía que Él ya no la necesitaba para poder respirar, que el hielo se había fundido en el infierno, y que aquello no sería el final del mundo. Sabía que no se acabarían los amaneceres sólo porque en la tienda de campaña no estuviera también él, del mismo modo, sabía que las noches no dejarían de existir, que los silencios entre amigos seguirían siendo sagrados, que las pelis en su cama podrían seguir teniendo ese toque de domingo por la tarde, y que los boles de palomitas seguirían quedándose a medias en la mesa del salón. Tenía claro que no cerrarían el chino sólo porque ellos ya no fueran los viernes, y que recorrer España o los alrededores de Madrid (al menos) seguiría siendo emocionante aunque él ya no usara su coche para llevarla. Sabía que tarde o temprano volvería a disfrutar del sexo desenfrenado, y que los capuccinos seguirían siendo dulces. No iban a desaparecer los Decathlon del mundo sólo porque él ya no quisiera hacer locuras, ni tampoco ella pararía de intentar comerse el mundo simplemente porque él ya no tuviese hambre. Sin embargo, de poco servía tanto conocimiento cuando tenía noticias suyas, cuando escuchaba las descripciones de cómo otro se bebía la sal de sus labios. Porque, en definitiva, el corazón aplastaba toda lógica, y aunque tenía claro que aquello no era el final, saber que él era ahora el príncipe de otro cuento y que de nuevo "había puesto la cama para que otro se follara sus sueños", dolía, y hacía tanto daño que, por un instante, ¡Ese maldito instante! se le olvidaba lo que sabía y el mundo volvía a haber tocado fondo.

Culpa suya por haber soñado despierta. (=